Seguramente, en el día a día de la te has encontrado con clientes que acuden a ti con un historial fiscal terrible o temible. Nos referimos a esos clientes que habitan el terreno fiscal en una condición irregular a causa de errores anteriores o desconocimiento de la ley. En estos casos, las personas suelen acudir a un contador con la esperanza de regularizarse y comenzar de nuevo, en buenos términos, su relación con el SAT. Ante tremendo reto, siempre es difícil saber por dónde comenzar, por eso, en este artículo revisaremos algunas bases sobre la regularización fiscal para que puedas tener una guía simple que te ayuda a orientar a tus clientes.

¿Cómo explicar qué es la regularización fiscal?

Muchas personas le tienen miedo al SAT, muchas veces es sólo por desconocimiento de la ley y por lo mismo cuando se les habla en términos fiscales se bloquean. Por eso es importante que expliques al cliente con tranquilidad paso a paso qué se hará para arreglar su situación.

Lo primero es explicar a qué nos referimos por “regularización fiscal”. La regularización fiscal es la oportunidad que la autoridad fiscal, en este caso el Servicio de Administración Tributaria (SAT), da los contribuyentes que no presentaron su declaración de impuestos en la fecha estipulada o que no incluyeron toda la información en su declaración, de ponerse al corriente. Esta oportunidad sirve para que se pongan al día con el SAT sin que por ello sean objetos de alguna sanción, ni que sean acusados o juzgados por un delito fiscal.

¿En qué consiste una regularización fiscal?

El ejercicio de regularización fiscal básicamente se trata de la presentación de una declaración de cualquier impuesto fuera del plazo antes fijado por el SAT. Básicamente eso es lo que nosotros haremos como contadores, tomar la información necesaria para presentar declaraciones pendientes. Dicha información debería de estar en los libros de nuestro cliente y debe de ser proporcionada voluntariamente por él. Si este no es el caso puedes sospechar de alguna actividad ilícita, pero de esto hablaremos más adelante.

Sobre la regularización y sus formas

Cabe destacar que no es lo mismo una “Invitación a cumplir con tus obligaciones fiscales” que un “requerimiento formal de cumplimiento”. El primero es una notificación “amigable” del sistema del SAT, su propósito es alertar al contribuyente sobre alguna omisión u error, lo segundo implica iniciar un proceso legal que compromete al contribuyente a proceder de otra manera. De tal suerte que la regularización fiscal puede darse de dos maneras: la voluntaria y la obligatoria.

El primer caso, el que ocurre de manera voluntaria, como ya hemos dicho antes, Hacienda tiene a bien enviar un correo a los contribuyentes haciéndoles la invitación a regularizar su situación fiscal. De modo que se da una suerte de amnistía fiscal, la amnistía fiscal ocurre cuando el Estado y la autoridad fiscal disculpan a los contribuyentes sus responsabilidades penales por no cumplir con sus obligaciones fiscales, esto a cambio del pago de sus adeudos fiscales por supuesto.

La obligatoria, como ya lo imaginaran, se da cuando el SAT envía un requerimiento de pago al contribuyente. En esos casos, si la autoridad fiscal tiene razón, el contribuyente, además de pagar los impuestos pendientes, se hace acreedor a las sanciones correspondientes de acuerdo al delito fiscal. De hecho, si un contribuyente recibe dicho requerimiento es sujeto a sanciones por parte de la autoridad. Aunque claro, siempre se puede apelar o llegar a algún acuerdo para cubrir las multas y volver a estar en regla. Será muy importante que dejes esto último muy claro a tu cliente, así tendrá la seguridad de darle solución a su caso.

En todos los casos, uno de los elementos fundamentales para que la regularización se lleve a cabo con éxito, es el reconocimiento del error, es decir, aceptar que determinado impuesto no fue pagado, posteriormente habrá que pagar esa deuda a la autoridad fiscal. Si el proceso de regularización se lleva a cabo de esa manera no debe haber sanción de ningún tipo, ni acusación o señalamiento alguno por delito fiscal.

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Algo más a dejar claro al cliente

El SAT puede llevar a cabo un seguimiento al contribuyente si existen indicios de que no declaró del todo su patrimonio. Sin embargo, no se le puede perseguir por posibles irregularidades relacionadas con la deuda tributaria que ya se ha pagado.

¿De dónde vienen las irregularidades fiscales de los clientes?

Si estudiamos detenidamente la ley fiscal, lo cierto es que es fácil que cualquier contribuyente sea un infractor. Los errores, las omisiones, los olvidos… Todas son equivocaciones humanas que le pueden ocurrir directamente al contribuyente o al contador.

Es posible quienes realizamos la declaración, cometamos algún error u omisión que termina afectando a nuestros cliente. Estos casos también habrá que reconocer el error y hacer la regularización fiscal. Aunque en este caso, no es una responsabilidad directa del contribuyente.

Por otra parte, ¿Cuándo podemos sospechar que el nuevo cliente ha cometido una infracción con dolo?

Si notas esto en un cliente nuevo te recordamos que ningún cliente vale poner en juego tu integridad. Como contadores debemos de poner primero nuestro buen nombre (que muchas veces es nuestra mejor carta de presentación) que cualquier ingreso extra.

Conclusiones: regularización fiscal una necesidad para los clientes

Al final del día, cualquier persona puede cometer un error que lo ponga en apuros con el SAT. Afortunadamente la ley contempla la buena voluntad como el mejor curso de acción para los contribuyentes. Cuando un nuevo cliente presenta irregularidades es nuestro deber orientarlo y ayudarle a presentar las declaraciones complementarias necesarias y ayudarle a mantener en regla sus pagos. Sin embargo, si un cliente tiene irregularidades que van más allá de un error honesto, debemos de poner primero nuestra ética profesional.

¿Qué procedimiento sigues cuando un cliente presenta irregularidades fiscales? Cuéntanos en los comentarios.

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Un comentario

  1. Cuando un cliente tiene varias declaraciones pendientes de presentar, le propongo irlas presentando de acuerdo a su capacidad de pago, tratando de presentar el mayor número posible de declaraciones. Por ejemplo: presentar primero las de IVA y de retenciones de impuestos y posteriormente la de los pagos provisionales de ISR

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